Terminar es un buen intento de paz

Y de reconstrucción con estragos.

Terminé con mi ex hace un mes...
De por sí, la frase es buena para el engagement: es cliché, suena a chisme y promete drama. Y sí, hay un poco de eso… pero no.
Fuera de que ya es poética por sí sola —y genera un verso sin esfuerzo—, es el ejemplo perfecto del título principal de esta entrada.

Más allá del drama emocional, del dolor de la pérdida y, peor aún, de la idea de que probablemente la persona de la que me enamoré hace unos años jamás existió… la idea de terminar con algo es impactante.

Recientemente me he topado con muchas historias que giran en torno a la idea de “terminar”: relaciones amorosas, trabajos, amistades, situaciones…
Puede que el algoritmo de mis redes me esté jugando en contra o que sea mucha pinche casualidad, pero he encontrado cierta filosofía obvia en todo esto: la de la reconstrucción.

Como en cada evento catastrófico, luego de la tormenta viene la calma y el volver a levantar todo lo que se cayó.
Pero ¿qué tanto puede uno realmente levantar o reconstruir? ¿Y cómo hacerlo solo, si antes se estaba acompañado?

Estas muchas dudas están en todos los videos de “cómo superar…”, y es que el proceso es rudo, complejo y cruel.

Y yo encontré una crueldad obvia —pero que no nos atrevemos a decir con todas sus letras—: la de la propia paz.

La psicología (al menos la que a mí me tocó) me ha hecho cargar culpas por muchas cosas:
que si no aprendí a escuchar, que si tengo ideas caducas, que si mis traumas, que lo que reflejo, atraigo… Y no es mentira.
Pero, técnicamente, ¿quién está bien?

Reconstruir desde el “sí, yo debí ver”, “es que yo debí escuchar”, “obvio, todo fue mi culpa” es un proceso tan doloroso como incómodo.
Y no, no está equivocado. Pero creo que cuando alguien “termina algo”, la peor forma de reconstruir es revisar dónde metió la pata.
Es terapéutico, sí —sirve para ver qué tanto nos ignoramos—, pero también terriblemente cruel para alguien a quien se le deshizo el piso en vivo, directo y a todo color.

Pasar el duelo de esa pérdida es lo más cliché del mundo: sostener, resistir, aguantar, esperar…
Y, en casos extremos (como el mío), mantener el contacto cero. No hay cura mágica para eso.
Eso, y un ibuprofeno cada ocho horas —por aquello del dolor corporal.

Pero creo que una medida preventiva que puede ayudar a no sentir que el mundo se acaba es mantenernos en tiempo y forma a pesar de todo.

Cierta vez escuché a Martha Debayle (ajá, sí) decir una frase poderosa y obvia que fue una revelación para mí:

“Todo es cuestión de mantenimiento.”

Y es muy gracioso pensar que esa frase aplica incluso a esto de “terminar”.
Si logras mantenerte mientras estás con alguien o en algo, si logras vivir en la actualidad, tal vez el piso ya no se deshace: solo se cuartea.
Y eso es lo realmente importante al terminar.

Lograr que tu firmeza no decaiga.

¿Y cómo nos mantenemos?
Sosteniendo.
Sosteniendo hábitos, relaciones, ideas… y sosteniéndonos a nosotros mismos.

Descubrí que no podemos sostenernos porque, cuando estamos con algo, lo hacemos nuestro mundo.

Y sí, hablo de tu ex, pero también de tu trabajo, tus amigos, tus hábitos alimenticios e incluso tu maternidad.
Cuando eso se acaba —cuando por alguna razón terminas— vas a voltear atrás y decir:

“¿Y yaaaa? ¿Eso es todo?”

Y la verdad, no le deseo ese mal paso a nadie.

Claro que puedes hacer de todo tu vida:
tu trabajo, tu pareja, tus hijos… Pero todo eso depende de factores externos que no controlamos.

En cambio, una rutina de skincare depende solo de ti.
Un viernes al mes con tu helado favorito depende solo de ti.
Una reunión de amigas es tuya (a menos que te cancelen todas 😅).
Tu emprendimiento de refrescos en bolsa los domingos con la cara de la Kitty (siii, aún recuerdo eso) es tuyo…
Bueno, a menos que te caigan los derechos de autor, jajaja.

Cualquier actividad que dependa única y exclusivamente de tu tiempo, tu espacio, tu presupuesto y tu compañía es tuya.
Por favor, no la pierdas ni la cambies.
Haz que se convierta en un no negociable.

Y este blog es mío.
Es mi promesa de que, pase lo que pase, no dejaré mis proyectos personales por intentar sostener a alguien —aunque sea por videollamada— pensando que la vida va a mejorar.

Porque no sé cómo ese sujeto me convenció de vivir en el futuro…
cuando a mí me fascina el presente.

Este blog es un cacho de suelo que no planeo compartir.
Y la verdad, siempre he querido hacerlo, pero no tengo constancia en nada 😂
Así que… vamos a ello.

Y si aún no “terminas” nada, aprovecha para construir algo —por si acaso— o al menos para tener algo nuevo de qué chismear.

Abrazos pacíficos y llenos de paz,
de tu amiga DAS Inexperta Experta 😚


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